jueves, 15 de junio de 2017

La última escena

Te he visto. Al frente mío y detrás de la línea divisoria que determina que te has convertido en lo que nunca quisiste, pero por lo que siempre clamaste.

Tus zapatos bien limpios y los ademanes que te hacen parecer políticamente correcto, me dicen que continúas en donde no perteneces.

Y yo afuera.

miércoles, 14 de junio de 2017

II

James no la conocía, pero se reía con ella. Le resultaba curioso que se pareciera a la protagonista de la película japonesa que había visto a los nueve. Se sonreían en la mesa redonda, donde ya estaba yo poniendo la fruta y dándome cuenta de que la peculiar belleza de la chica lo transportaba.

Salí.
        Al patio.
                      A sentarme en mi silla de madera.

                                                  Y James salió después, y se sentó a mi lado.
                                                  Me dijo: "Nadie que no lleve tu nombre".

                                                                            Tete se depidió a lo lejos
                                                                       con su bolso de trapo colgando.

                                                  Y lo supe.

lunes, 5 de junio de 2017

En busca

Me dirigía a mi abuela. Ella estaba en un cuarto de hospital. Yo subía las escaleras con una niña pequeña en brazos. No era mía, pero necesitaba de mis cuidados. Entraba a un cuarto donde no encontraba a mi abuela. Y la niña reía, y yo fui solidaria. Me dormí y desperté dentro del sueño todavía. Y buscaba a mi abuela, la buscaba por los pasillos. Y me topé con Aurora. Ella sí la había encontrado. Y me dio indicaciones, no de buena fe, para llegar a un cuarto de hospital que nunca nadie vio. 

jueves, 5 de mayo de 2016

De quien te admira

"Ya llegará el tiempo de no tenernos y espero ese día haber disfrutado lo suficiente de ti y llevarte fuerte dentro de mí". E.G.

Te deseo pájaros azules en primavera que le den a tu corazón una canción para cantar. Y luego un beso, pero más que eso, te deseo amor.

Y en julio, una limonada que te refresque en el frondoso bosque. Te deseo salud. Y más que riqueza, te deseo amor.

Mi corazón roto y yo acordamos que tú y yo ya no podemos ser. Así que con mi mayor, mi mayor voluntad te dejo libre.

Te deseo refugio para la tormenta, una cálida fogata que te mantenga tibio. Pero más que todo, cuando caiga la nieve, te deseo amor.

Y más que todo, cuando caiga la nieve, te deseo amor.



lunes, 2 de mayo de 2016

Tres de la mañana de cualquier día

No sabía si era domingo, viernes o lunes. Era un día triste; los días tristes no tienen identidad. No sabía si iba o venía, ni por qué la gente me veía con tanta lástima como con ganas de extenderme una mano. Como se le mira a quien acaba de perder su hogar, el único lugar al que podía volver con regocijo, donde siempre había té caliente y un abrazo eterno sobre la cama. ¿Cómo sostenerse en pie si el dolor pesa tanto? ¿Cómo saber a dónde ir después del derrumbe?

Me levanté y eran las tres de la mañana de cualquier día, te había soñado. Soñé que me decías que me acercara más, que me acomodara entre tus brazos y me pegara a tu cuerpo, que todo había sido un mal sueño; como la vez que dormimos en la colchoneta tendida en el suelo y que me despertaron las pesadillas. Pero esta vez no estabas tú para consolarme y me sentí tan vacía, me sentí tan pequeña, tan frágil, tan desprotegida, que pensé en Mauri. Imaginé que seguramente así se sentía el último día de su vida. Pensé en las personas que deciden terminar con todo el dolor de golpe. Y me acordé de ti, de cuándo me dijiste que uno debería elegir el día su muerte y por primera vez te di la razón. 

¿Y si me abrazas por un ratito? Necesito que me llenes de vitalidad, que tu risa le dé energía a mi cuerpo, que tus manos vuelvan a buscar las mías, y sentir como esa calidez nos recorre todo el cuerpo.
Sigo estando a tus 6.

martes, 22 de marzo de 2016

¿Dónde estás, Mauri?

Ayer me cayó la noticia de a poco, hice una pausa y una llamada. La noticia se cayó al suelo junto con las lágrimas. Que no podía ser cierto, que no quería que lo fuera, pero lo era y lo es.

Mangee Kanyakumari, ¿a dónde fuiste? ¿dónde te metiste, mujer? ¿por qué ya no estás si hace poco estabas? Tu gente está preguntando por ti, ¿qué les digo? ¿qué me digo?

Desperté con los ojos hinchados y era martes. ¿Lo había soñado? Todos escribieron sobre tu partida: era cierto. Ya habías cruzado la línea más delgada. Me puse a pensar en los cafés a los que ya no íbamos a ir para platicar del cómo fuimos dejando de ser niñas y nos fueron naciendo alas. Me puse a pensar en las cervezas que ya no nos íbamos a tomar, en los consejos que ya no nos íbamos a dar, en las canciones que no íbamos a cantar cuando nos encontráramos una tercera vez, cuando fuéramos amigas.

Nos faltó tiempo y nos sobraron ganas de conversar, pero nos estamos viendo para recuperar el tiempo perdido.

Buen viaje, mandarina.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Abrir las cortinas y ver el mar

Tomé el autobús que no llevaba tu dirección, ni yo la llevaba en el bolsillo para no arrepentirme a mitad del camino, tratando de buscarme excusas en los recuerdos para decir que no es culpa de nadie y liberarte de todo.

No, no llevaba tu dirección, ni por dentro del zapato la llevaba, porque ya sabes eso que dicen las malas (o buenas) amistades sobre prepararse para destinos inciertos que seguramente esta vez era más cierto que tú; más cierto que la manera en que te despediste de mí la última vez, que tus domingos conmigo...

Estaba huyendo de mis días de ti, contigo, sobre ti. Estaba perdiéndote y encontrándome; yéndome con el boleto en mano, ese que prometía liberarme de ti o a ti de mí (puedes verlo de la manera en que te sientas menos culpable). Era mi única puerta abierta; tenía que entrar y cerrártela en la cara. Aunque no estuvieras detrás de mí pidiéndome que me quedara, apostando a que era una más de mis rabietas; no lo era, y tú lo entendías mejor que la prófuga que ya estaba del otro lado de la puerta.

Mañana de viernes, el mar, y el piar de las aves que me despierta. Es hora de abrir las cortinas que el cielo ya se ha aclarado y con él mi espíritu.

martes, 30 de junio de 2015

Días de verano

Se fue junio como queriendo quedarse, se dio la vuelta y caminó despacio esperando que le pidieras un momento más, que le dijeras que sus tardes nubladas te recuerdan a mí, y que te sentaras con él en la acrópolis para volver a verme acostada en tu cama, diciéndote que vengas porque empieza a llover, y que me digas que estás por terminarte el último cigarro y luego me observes como si estuvieras construyendo mi imagen en tu memoria para cuando ya no la tengas a seis pasos de ti.

Él partió y tú no lo buscaste. Bajó por las escaleras de caracol a la cocina, tomó nuestras noches bebiendo chocolate caliente y echó agua fría a nuestras risas, a ver si revivían, pero no.  Se despidió del perro que no era tuyo y volvió a vernos descalzos en los sillones de piel escuchando a Fénix, que seguramente nos contaba de nuevo que ya no quiere ser tan borracho. También te vio besándome la frente  y diciéndome que me recostara en tu hombro mientras que nos íbamos a dormir.

Recogiendo los momentos que planeaba llevarse, volvió a toparse contigo diciéndome lo bonito que te parecía el vestido azul que llevaba puesto, y yo haciéndote una media sonrisa, tú tomándome de la mano y agradeciéndome por estar. 

Se hace tarde y alguien debe irse. 

Ya está la puerta abierta. 

Alguien se está poniendo difícil…

Ya en la puerta, echando un vistazo atrás, confirma que no ha dejado nada, y se va.

Pd: Si quieres que te cuente un secreto, debo confesarte que yo tampoco lo detuve, pero sí lo despedí. También me besó la frente y prometió recordarnos algún día de verano.